Wednesday, September 18, 2019

Vara de luz






Vara de luz




Qué sabrás tú de mis victorias

con la detonación del júbilo, sin feria.

El exceso es otra cosa;

frívola proporción del lujo

almacenando la fortuna de ese lucro

que engloba la avaricia en consecuencia.

Zona prohibida para tantos, muchos

en círculos de aire, entre el infierno y gloria.

Obcecados por la brillantez del oro,

cuando su mayor conquista es el intento,

el guiño del ansia en la mirada

y las tristisimas razones o la excusa de soñar

al por mayor las Marcas del Comercio.


A daga y pincel tengo el verso día tras día,

obligado a seguir por lo imperfecto

como activo peregrino del ensueño

o de la vasta Realidad que nos domina.

Mi tesoro, sin fin, es la Familia y su fragancia

cada mañana en los planos de arquitecto,

donde voy trazando opciones, alternativas,

donde improviso la confección de los efectos,

si a cara o cruz el futuro nos convida

como un Judas Iscariote fraudulento

haciendo de las suyas en el trasfondo

para mostrar a golpes, la Experiencia.


Mis antojos: un mar siempre entre mis manos

en conexión de ductilidad y rebeldía,

de arranque y fuerza en movimiento.

La iniciación del sol en mínima distancia

por si quiere en avance relativo

adherirse líquido-soleado a mi trayecto.

La vida al natural ejecutando panoramas,

un suelo con el paisaje en proyección variable,

de algún modo, acogedor, por si tropiezo.


El tiempo... como fabricante del destino

es mi varón acompañante, Supremo hombre,

mi león vigoroso a rayo y trueno

dominando en sigilo hasta la muerte,

las vibraciones progresivas de mi aliento.

La riqueza como hechizo de varita

no me incumbe

y el Escándalo a menudo, y de inmediato

me pertenece en recíproca adherencia

si con el ardiente talento del descaro

me apretuja en posesión intermitente,

y a sangre y fuego…, somos tan intensos.


Mis armas: un espíritu seguro

con la fortaleza en guerra fría

y, humanamente, un saco de maldades

para dejarle al mundo algunas cicatrices

por todas las que me ha de dar y las que tengo.

El perdón, por no pedirle perdón a la existencia

lo guardé, tanto y tanto

en los rígidos rincones de la infancia

donde a nadie oí decir “lo siento”,

si nunca lo pedí y jamás lo dieron

al dejarme averiada de sangre,

casi moribunda en el desdeño.


Mi secreto en redondez de anonimato

es un placer grabado en dulce, disfrutado

en privacía con mi organismo boquiabierto,

cuanto más suculento al tener muchos golosos

con la afición de centinela que terminan

perdiendo las vidas como el gato

por entrometidos, por diablillos,

por curiosos, por traviesos.


Mi verdad sin ir al Tribunal del Poder Legislativo,

ya tiene encarceladas a todas las mujeres

obligadas que me ocupan:

 delincuentes, acusadas, condenadas,

 las maleantes con precedentes agravantes

que yo en contenciosa jurisdicción

absuelvo con la diferencia que hay

entre lo que soy y te han contado.

¡Vete tú a saber!, el peligro que te espera

si prófugas con libertad conspiradora

te arrancan la garganta del ataque,

el pescuezo del trastorno

y la boca de la histeria

antes de morir con el pánico que duele,

profundamente, en el infarto.


Qué sabrás tú de mis fracasos y conflictos,

del Rumbo en los cien rieles, bueno o malo,

festejando como el día a la noche

la moda que se pone en negro y blanco

y eventualmente, qué sabes tú,

si lleva el atavío que imparte los colores

a los instantes del misterio o del sombreado.

Si me he roto en tantos modos hacia al frente

que le pude ver la cara ajada al llanto,

como otras veces le vi a la risa el rostro:

burlón, festivo y escapista hacia el sarcasmo.


De lo demás, rutinas, vivencias,

modos, dramas, imprevistos,

donde soy yo el constante repertorio,

por demasiado dar y recibir no llevo cuentas.

De lo bajo hacia lo alto,

de lo estrecho hacia lo angosto

es desmesura, ornamental extravagancia

en la mía idiosincrasia, sin cautela y sin recato,

que sazono con los trozos dulci-agrios dados

por las Virtudes y Defectos del acto humano.


Ya no te angusties más en el camino del Idiota

que se imagina ser un Dios de trayectorias,

así mismo, el creador del microcosmo.

Deja de sufrir el desgaste de las piedras

si en las roturas del presente nunca lloro

el dónde, el qué, el cómo y cuándo.

Yo tengo bajo el paso, aún más fuerte

y asentada, la sólida permanencia del cimiento.

Donde existo.





Nancy Santiago Toro
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