Monday, September 24, 2018

Como adultos... como niños





Como adultos... como niños




En esa caricia donde me alcanzas,

arrecia la entrega mutua del gesto

cotidiano en dinámica amatoria

que define el paralelo encuentro

en el mismo nido y, al fin, las alas

de nuestros días son de carne,

son abrazos encendidos

en el juego de las formas,

con un ritmo electrizante

de chiquillos

como si fuera trampolín el suelo,

como si fuéramos una fiesta

sincronizada de latidos…


Con pasitos corriendo sobre la arena,

sin descanso, para capturar el pequeño

mundo de un barquito, pues más allá

lo grande se cultiva en un mañana

y en el hoy y en nosotros

juega el universo

a ser más chico.

Afuera que maduren las tareas,

la cosecha de la historia,

el fruto del destino,

la rutina del espacio,

la vida de la tierra

y la revolución de los caminos.


Mas tú y yo, con ojos de inocencia

en una estación de infancia detenidos,

cosechando las frescas travesuras

de este amor adulto, como niños.

El presente sin la savia de la prisa,

el tiempo sin memoria en un bolsillo.




Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©






¡Me gustas!






¡Me gustas!




Me gusta tu jovial agenda de sonrisas

en abierto calendario de momentos mágicos

y el amanecido beso en el roce que hipnotiza

con sabor de miel la curva de mis labios.


Me gusta el travieso niño que habla en tu mirada

con la definitiva limpidez del agua en su vocablo,

nunca da la rebeldía de la gélida palabra

y su cariño alcanza mis retinas y dice tanto.


Me agrada la destreza de tu piel

en contacto vibrátil con la mía

al dejar tatuajes de afecto, palmo a palmo,

como huellas que atrapan las venas de mi vida,

desde tu amor hasta mi encelado tacto.


¡Sí, me deleita tu sugerente hombría encendida!,

desnudando los sentidos como nota al canto,

en triunfal ternura que diáfana palpita

la emoción del gozo que nos damos.


Tanto me gustas,

desde ese todo que marca tus orillas

hasta el ángulo de tu misterio más abstracto,

con el ser en calma que en tu alma habita

y te hace un coro de caricias en mis brazos.





Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©






¡Enamorados!





¡Enamorados!



El beso de la pasión en la mirada,

el retozo enamorado en el respiro

y tu imagen moldeando cada huella

que vas dejando en mi camino.

Se alarga deprisa tu llegada,



descubres, avanzas,

me muevo contigo



y cada fibra de mi piel te aloja

en el íntimo refugio del instinto.

Transitamos noches y mañanas,

vamos en el trayecto del latido

y la sangre del amor en nuestras venas

va orientando los verbos del cariño.



Y soy tuya.

Y eres mío.



Y ya nada es como antes,

cuando se baña mi luna

en la hondura de tu río;

caricia inquieta que provoca

la intensidad del regocijo

con el contacto dirigido al alma

y transportado a mis sentidos

para ser inspiración en el rosal 

de versos que te envío

con el aroma del corazón en cada letra,

el lenguaje de las charlas, florecido,

el sentimiento en la raíz de cada idea,

el contenido del paisaje en presente escrito.



Y con la rima

a nuestro ritmo.





Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©







Como mar y cielo






Como mar y cielo




Mi cuerpo abraza el ritmo de ola

de tus dedos de agua sobre mi vida abiertos;

húmeda caricia que estremece al alma

con ritual de maremoto en el sentimiento.



Avanzas tu paisaje hacia el interior de mi playa,

a bordo, la voz de tu oleaje, en vivaz movimiento

traspasa su intenso rumor y se eriza esta calma

con tu refrescante brisa de cortejo.



Y ampliamente besas mi tendida costa

con lengua sazonada de bullicio y fuego

al dejar el vaivén azul sobre mis arenas blancas,

que se extienden como el mar y el cielo.



Reptando por los meandros de mis formas,

hospitalarias ante el escuadrón de tus besos

se sumerge tu loca pasión en el alud de mis ansias,

desde el próximo segundo, hasta el fin del tiempo.




Nancy Santiago Toro
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La puerta del adiós






La puerta del adiós




Tu adiós abre una puerta involuntaria

a un mundo de temor que no concibo,

donde tu muerte transita solitaria

y entre sombras me hace su cautivo.


 Donde mi tristeza gime enamorada,

en tétrica soledad, en prisión de hogueras,

con los recuerdos mostrándote en la nada,

cuando trato de llamarte en mil maneras,


cuando mi corazón repite tus ecos sepulcrales;

voces abismales que definen tu existencia

de hierática silueta en visiones inmortales

que aún me buscan disfrazadas de presencia.


Respuesta, es la nostalgia, cruda compañera

con el miedo en las fachadas del mañana,

con la mordida de la lágrima; silenciosa fiera,

convincente de la herida callada y cotidiana.


Pero como quisiera escapar sin más memoria,

hasta fundirme con tu espíritu y sobre el viento,

traspasar esta agonía y en su consumada trayectoria

alcanzar tu alma y en perenne movimiento


retener de la muerte la luz de la victoria,

lo único que la vida no detiene ni reclama,

ese tiempo desconocido hacia la gloria

con mis brazos en el silencio de tu llama.





Nancy Santiago Toro
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Una espera de venas verdes






Una espera de venas verdes




En ese espacio que desconoces

aún vacío de huellas y de sueños,

hay una espera de venas verdes

que va madurando con el tiempo.

Tú no la ves, tú no la sientes;

ella es intimidad de puro viento,

 empeño, es un latido de fe

cual promesa del mismo cielo.

Ella es capullo callado del paisaje,

no entiende la figura del futuro incierto,

no sabe de primaveras o momentos otoñales,

de las hojas luctuosas que van en vuelo,

 de su musitar melancólico cuando caen,

del resquemor cuando es su invierno.

Ignora el color de la luz cuando amanece

y el paso de las sombras en trayecto

hacia los brazos de la muerte cada tarde;

eterna vocación de la noche, por derecho.

No comprende la vida en la espesura de la carne

ni el carácter de este mundo tan complejo,

aún no aprende la voz del amor en el lenguaje,

mucho menos el del adiós por el silencio.


No percibe este presente y sus detalles

y aunque es pequeña en lo posible para vernos,

quiere existir, justamente, en la sangre

 de un nosotros con la infinidad del universo.




Nancy Santiago Toro
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¿Y es así como me deseas?






¿Y es así como me deseas?




Hoy voy a vivir tu varonil imagen

del sueño que se ofrece para verla

en jadeantes y prolongados perfiles

dentro del gozo de una fiesta.

Contenido mío con las ideas libres;

las frontales que la locura expresan

con la claridad sensual de la dama luna

que sabe morder la noche entera

 en la facultad de los deseos, ahora rebeldes

desde el origen desierto de la tierra,

esas que no han sido como quieren,

por estar atadas a los grilletes de las reglas.



En libertad, hasta pena siento del aire,

no resistirá el temblor de nuestra hoguera

con el calor sofocante, ¿no lo sientes?

Ese que ya avanza poco a poco, como llama

voluptuosa, como un suspiro por tus piernas;

juguetón por tu vientre, hacia tu interior crispante

como fuego cuando quema la acercada leña

y con la fuerza apocalíptica que arde

el roce repetido de la ola sobre mi playa desierta,

 como si yo bebiera cada gota de tu oleaje

en movimiento incesante de tormenta.



Y ese subo, subes,

subo, subes…



que desata los murmullos de tu ciudad entera

como si vaciaras del amor todo el lenguaje

y de sus placientes verbos, las formas y maneras,

mientras el relámpago penetra la tarde

con su grito paralizando venas.

Invitado del cortejo de esta euforia

que diluye nuestro cielo en inminencia

 y tú y yo desaguando su torrente…


 

“Shhhhhhhhhhhhhh”


¡Vida no me calles!


¿O no es así cómo me deseas?





Nancy Santiago Toro
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El vuelo de mi sonrisa





El vuelo de mi sonrisa




Una sonrisa meciéndose en el aire,

parece haber germinado desde el cielo,

de ahí sostiene su grandeza inmensurable

y la profundidad reservada del misterio.

Su mundología voladera hacia adelante

guarda la materia de la audacia en cada gesto,

la curvatura esbelta sin cansancio

y la clarificación ante los ojos ciegos,

por llevar el movimiento del grácil ángel

sobre la caricia perfecta del destello.

Paisaje de luz que evoca el transparente arte

que solo imparte el pintor del universo.

Ella no se parte con la danza de las nubes,

se extiende íntegra sobre el cósmico silencio

y alcanza la curva de la menguante luna

para vestir el brillo de todos los luceros.

Desciende por los valles en el aroma de las flores,

trepa por los bosques en la humedad del viento,

rueda por la frescura enardecida de los mares

y como impulso hasta las auroras de los cerros,

avanza como reina sobre el vuelo de las aves

como si fuera el alma traspasando el tiempo

y es con la energía que inquieta a los volcanes,

para besar otra sonrisa con la intensidad del fuego.





Nancy Santiago Toro
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